el jardín de las delicias

 

el corto lo hace el español Juan Ibañez


¿Por qué elige ‘El jardín de las delicias’?

‘El jardín de las delicias’ es una obra monumental por el contenido que encierra. El Bosco era un pintor muy aficionado a la simbología; le gustaba sorprender, jugar con el espectador, ponerlo en el trance de interpretar su obra, de asimilar ese imaginario que poblaba su cabeza. El jardín nos cuenta mucho del proceso creativo del artista, de la fascinación que produce el génesis, el paraíso, y el desgaste final que es enfrentarte a la obra ejecutada con toda la crudeza, la información y la energía que has volcado. Es una metáfora de la vida, de nuestro tránsito del nacimiento a la muerte.

¿Cómo surge y se desarrolla el guion?

El guión surge de la propia narrativa del cuadro y de esa pregunta que nos hacemos y que queda sin desvelar. Las escenas del cuadro nos hablan de una realidad expresada mediante metáforas, y esas dirigen el texto. Podemos hablar del nacimiento y la infancia como un estadio primitivo en el que la vida transcurre de una forma muy natural, sin intervenciones morales ni éticas en el sentido moderno de acción y reflexión. Cuando pasamos a la etapa intermedia de la adolescencia y la juventud todo se vuelve más salvaje; los sentidos florecen, se ansía la libertad y la ingenuidad nos hace atrevidos. La madurez y posteriormente la ancianidad llevan a cuestionar lo que antes fue incuestionable; a vivir bajo el peso de las convenciones; a aceptar a duras penas que somos mortales y que cada vez estamos más cerca del final. Ahí radica el infierno.

¿Cómo nació la banda sonora?

Estaba la limitante de no tener presupuesto para crear una banda sonora. Teníamos el tiempo en contra y decidimos crearla nosotros a partir de descartes de músicos, de canciones libres de derechos de autor bajo Licencia Creative Commons. Encontramos un espacio donde los músicos suben sus piezas y las dejan para que otros utilicen el material.

la entrevista es de la revista Arcadia y la pueden leer completa aquí

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“La Révolution Surréaliste”, Nº 2 (1925)

El mundo fisíco todavía está allí. Es el parapeto del yo el que mira y sobre el cual ha quedado un pez color ocre rojizo, un pez hecho de aire seco, de una coagulación de agua que refluye. Pero algo sucedió de golpe. Nació una aborrecencia quebradiza, con reflejos de frentes, gastados, y algo como un ombligo perfecto, pero vago y que tenía color de sangre aguada y por delante era una granada que derramaba también sangre mezclada con agua, que derramaba sangre cuyas líneas colgaban; y en esas líneas, círculos de senos trazados en la sangre del cerebro. Pero el aire era como un vacío aspirante en el cual ese busto de mujer venía en el temblor general, en las sacudidas de ese mundo vítreo, que giraba en añicos de frentes, y sacudía su vegetación de columnas, sus nidadas de huevos, sus nudos en espiras, sus montañas mentales, sus frontones estupefactos. Y, en los frontones de las columnas, soles habían quedado aprisionados al azar, soles sostenidos por chorros de aire como si fueran huevos, y mi frente separaba esas columnas, y el aire en copos y los espejos de soles y las espiras nacientes, hacia la línea preciosa de los senos, y el hueco del ombligo, y el vientre que faltaba.
Pero todas las columnas pierden sus huevos, y en la ruptura de la línea de las columnas nacen huevos en ovarios, huevos en sexos invertidos. La montaña está muerta, el aire esta eternamente muerto. En esta ruptura decisiva de un mundo, todos los ruidos están aprisionados en el hielo; y el esfuerzo de mi frente se ha congelado. Pero bajo el hielo un ruido espantoso atravesado por capullos de fuego rodea el silencio del vientre desnudo y privado de hielo, y ascienden soles dados vuelta y que se miran, lunas negras, fuegos terrestres, trombas de leche.
La fría agitación de las columnas divide en dos mi espíritu, y yo toco el sexo mío, el sexo de lo bajo de mi alma, que surge como un triángulo en llamas.

Antonin Artaud

tomado de acá

entre irse y quedarse

entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.

la tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan en la sombra de sus nombres.

latir del tiempo que mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

la luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

en el centro de un ojo me descubro:
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.

Octavio Paz
árbol adentro (1976 – 1987)

una de Maldoror

“Reemplazo la melancolía por el coraje, la duda por la certeza, la desesperación por la esperanza, la maldad por el bien, las quejas por el deber, el escepticismo por la fe, los sofismas por la frialdad de la calma y el orgullo por la modestia”

Isidore Ducasse
Conde de Lautreamont
“Poesías”

a pale blue dot

Un punto azul pálido es una fotografía de la Tierra tomada por la nave espacial Voyager 1 a una distancia de 6.000 millones de kilómetros.

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.

“Comentarios de Carl Sagan sobre esa histórica foto, que aparecen como colofón de la serie Cosmos”

Tomado del blog amigo marranobomba

notas de un disconforme 2

cuando un inconforme decide hablar, su principal problema es encontrar las palabras adecuadas. el disconforme prefiere el silencio porque encuentra una rara ecuanimidad en él y no le gusta dar explicaciones.

piensa y siente, siente y piensa y las ideas se amontonan en su cabeza buscando un orden, algo así como esos nombres secretos de dios, impronunciables, prohibidos y que sólo algunos cuantos cabalistas llegan a adivinar asumiendo todas las consecuencias que devienen de tan tamaña hazaña.

al disconforme le sucede algo parecido: en su cabeza lo inefable cobra forma pero cuando pronuncia, cuando gesticula, inmediatamente el sentido se falsea, es una paradoja porque las palabras una vez pronunciadas dejan de pertenecerle y no son sino una mala acuarela, que presenta una pobre perspectiva de todo lo que él ha visto o imaginado y que es en efecto, pura y nítida en su corteza cerebral.

así, cualquier idioma le es insuficiente aunque muestre cierta predilección por los de lejano oriente. por las palabras ideas de los chinos, por las historias de los maestros zen y los poemas de los locos poetas ebrios de zaké que dicen más en unos cuantos versos que todo aquel fárrago de la poesía occidental rimada. el disconforme prefiere los aforismos, es más, le encantan porque sabe que debe ser conciso, que las descripciones largas no tienen razón de ser, que con cada frase superflua se evapora la imagen y lo que queda es sólo tierra seca.

inconforme per excellance, puede optar por el mutismo, por el alejamiento definitivo de las superfluas y banales compañías que ha comenzado a desechar. sólo garabatea poemas imposibles, en amarillentos cuadernos que no verán jamás ojos que no sepan entrever y no le importa que sea así. si las palabras delimitan él se expande, si la pintura se diluye, entonces trabaja la piedra, el mármol o su propio cuerpo. forja su espíritu con constancia de bonzo hasta que el resultado es algo más brillante que todo el Olimpo reunido en pleno. el disconforme no le interesa ser dios, pero lo consigue (sin proponérselo). es ese el resultado natural al que lo lleva su estado perenne de inconformidad, algo que es imposible de comprender para los simples mortales.

vespertino 1

y en casa me esperan
cuatro devedés
sobre cine francés
la obra de Goddard
pero no tiene
ninguna importancia
en ese instante
de silencio
mentrego
a la contemplación
y me doy cuenta
delo inútil de todo afán
de lo absurdo de todo plan
entonces sonrío
y el crujir de las hojas secas
me transportan a otro momento
yo le doy la cara al viento
y me entrego a la tarde
sin protestar.