Luisa Futoransky 3 x 1

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Foto del frente
     La foto
vulgariza la muerte.
Con el tiempo, las tragedias amarillean y pierden
patetismo,
como certificado de autenticidad permanece el dentado de sus bordes.
Implacables, las fotos se apolillan, borran personajes,
confunden fecha y procedencia.
Con el polvillo abandonado en la contienda
se rellenan pavorreales, tesis
agujeros en las suelas
y colmatan sollozos en la voz.

Los inviernos que nos restan
son duros de mirar y de guardar.

Cría cuervos
     En mi barrio de ahora a nadie extraña que las margaritas
se conviertan en amapolas escarlatas o que las palomas
se transformen en cuervos.
Lo que más molesta es que me sigan por las calles
graznando que es un contento mientras que a mi paso
despiertan melodías ingratas en los pianos.
Para que no me cambie de vereda de vez en cuando me
tiran un picotazo que como doler, duele.
Con la edad los tejidos olvidan defenderse y cicatrizo
mucho menos.

Urban body
     Vino para que habláramos de poesía
acabamos enumerando sus siete perforaciones en cada
lóbulo de la oreja
y una en el ombligo
también comentamos sus tatuajes; un ruiseñor cerca del
hueso ilíaco que no me descubrió y otro que sí, detrás
de la oreja.
—Volar juntos, aah, volar juntos— suspiró.
En cuanto a la flor amarilla en la espalda es su homenaje
a un cuento de Cortázar.
No me permití recordar la inutilidad de que la letra con
sangre entre.
No me permití navegar por los ríos del dolor que hoy
pienso conducen seguro al páramo ventoso de ninguna
parte

Entre voluta, pigmento y arabesco lo difícil es inventarse
cada día las ganas de vivir

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Arte poética

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Por: Luisa Futoransky

Mezclar sin que se formen grumos
suave, con paciencia
pero con uno que otro golpe enérgico
indispensable
para llegar a puerto
y por milagro
despertar -otra vez-
hoy sin ayer
Tener en cuenta
que cortada la nata ahuyenta
agriando el todo
sin remedio

El poema
primer hervor
flor de sal
velo más tenue de rocío
y fulgor último de un arcoiris
a punto de desfallecer

entre los pliegue de milhojas
anida miel
anida espanto
y machacona la cadencia
remota del danzón

La ristra

 

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Por: Luisa Futoransky

Con una ristra de ajíes en el muro se puede atravesar el invierno.
Hacer como que no existen los estragos del dinero las arrugas ni la fatiga de vivir

Con ella se pueden machacar derrotas. Y sentarse con aparente indiferencia en un banquito, la puerta entreabierta, desmenuzando en hebras finísimas la urdimbre de historias enrevesadas. Pieles y sudores afines con que neutralizar ejércitos hostiles.

Tarde o temprano los ángeles llegarán cargados de advertencias. O promesas. Con sus cuentas de diezmos a pagar. Que para eso están.

La rosa de los vientos, el firmamento, el ocaso en el alhajero de los chiles.
Aunque por la Sangre de Cristo, por la Santa Fe y Taos falte el mar.