el corazón es un cazador solitario (13)

bogotá y sus tardes soleadas y tranquilas, los ensueños de quietud absoluta se develan en una banca al otro lado de la ciudad universitaria. trasiego el campus solitario entre ondas radiales que resuenan en mis tímpanos, aguzados dilectantes de sonidos noventeros que vuelven la cabeza atrás: ¿qué me queda sino una pequeña colección de recuerdos felices?

¿esquiva felicidad hacia dónde te deslizas, en qué oscuro y recóndito rincón te has ocultado? vestimentas de azahar, alas de una cabeza que se resiste a la gravedad, sutilezas de oriente embotelladas, destiladas en rancios alambiques, retortas alquímicas en las que el sucedáneo ya se presiente…

abordo el autobús rojo de delgadas líneas amarillas y me muevo casi sin pensar. sin querer queriendo me voy con las brisas de la tarde hacia el encuentro eternamente postergado, dilatado hasta el mísmisimo confín de las eras, al borde extremo del ser. ladrillos color pizarra que se deshacen en manchones grisáseos salpicados de azur, etéricos alborotos intermitentes que provocan sinestecias entre lo que puede suceder y lo que efectivamente termina sucediendo.

cobres y cuerdas resuenan en la delgada noche de mercurio, amarillentas luces y movedizas formas que se evaporan entre callejones retorcidos y estrechos, húmedos y relucientes serpenteando entre la ciudad que se niega a dormirse, desesperanzada de toda quietud, y el jazz se cuela entre los cortinados y los tentempiés, y las notas son un amasijo de palabras y sentimientos que se reducen hasta no ser sino una pequeña piedrita renal que se expulsa en la siguiente micción.

ahora, con la resaca matinal y el café con pucho de las 6 30 am, yo divago entre escalofríos y bocanadas de dulce humo azul y me siento un poco más cansado, más enfermo, acaso más infeliz. los clásicos de la época dorada suenan quedo en la tv, yo saco tiempo para mi y para escuchar ese día que se despierta indiferente, insensato, degenerado salvaje y frío, sin alma.

vuelco todo a la página en blanco y me hago el desentendido, pero ya he visto y he escuchado lo debido y lo que no. y entre susurros se develan verdades de a peso, de a centavos, que van desapareciendo con los tímidos rayos de sol. yo me pongo mi máscara y actúo de nuevo mi mejor papel de anfitrión, sonrío, comparto, mientras me quiebro de nuevo por dentro. la dulce sensación de cordialidad y camaradería me hace pensar en las chicas que están aquí. tres examores: una, madre de dos creaturas, una soltera, otra una bella flaca recién casada. a todas las quice, todas terminaron de amigas. conclusión: forever alone en negrita, cursiva y subrayado. la menor (la cuarta y que si es mi amor), la quinceañera, es mi prima, como una hermanita que ya creció y anda rockeando y loqueando con su primo mayor. humo, aromas de exóticas yerbas hidropónicas, música, cervezas, calidez de conversaciones susurradas en callejones que serpentean hacia la noche.

dias de rock, ska y reggae. yo pienso en que al final es como en el poema Multidudes del spleen de Baudelarie, de cómo “a pesar de todo” y “en medio de”, yo sigo tan solo entre muchedumbres atareadas, con el corazón destruído y la soledad deslizándoseme entre las venas. voy a ir a tomar el sol, cantar, bailar y fumar y prometo olvidarme de todo, estar pero no estar, o estar ausente, fuera de mí, sin dejar de ser deferente y amable, al fin de cuentas ya se sabe que el corazón es un cazador solitario