iluminación

“te muestro la pena, dijo el Buda, pero también te muestro el final de la pena”
Aldous Huxley

al principio parecía imposible liberarse. argamasa de símbolos, substancia pegajosa que se desliza hormigueante por los más recónditos pliegues de la consciencia. estaba perdido, estaba loco. cubierto de aquella viscosa paterna parecía un condenado al suplicio de una eterna pena aún cuando logró limpiar su cuerpo, su alma, su espíritu de esa horrible posesión.

la solución siempre había estado en sus manos, existía desde su mismo origen. sólo había que darse cuenta, tenía que revivir, traer nuevamente a la consciencia aquel saber que había experimentado mucho antes, en el alba de los tiempos.

en el instante en que comenzó a resbalar, a escurrirse como un liquido expandiéndose por el piso, fue cuando comprendió que no necesitaba nada nunca más. la iluminación llegó repentina, el desapego vino a él y supo que nada lo podía dañar jamás, porque su verdadero yo (su Ser) era un instante eterno de pura consciencia, una completa, total y pura ausencia de ego.

2009

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