Las crónicas gerrisianas (Niger II)

“mi pueblo adora a Amma. celebramos rituales que llamamos Fiestas Sigui, en honor a Sigui Tolo que es como conocen ustedes a Sirio A. elaboramos máscaras de madera para celebrar la entrada del nuevo ciclo, determinado por la rotación de Sigui Tolo alrededor de To Polo (Sirio B). cada jefe Dogon tiene que preparar para cada fiesta, un recipiente impermeable en el que hace fermentar la primera cerveza ceremonial a consumir en los festejos (que se extrae del mijo), un solo recipiente ritual en común, que una vez finalizada la fiesta, es colocado en la viga principal de la vivienda del jefe Dogon, y que se suma a las de las fiestas precedentes. sus arqueólogos han podido encontrar piezas que datan, al menos, del siglo XV, nosotros sabemos que son inmemoriales, que han existido desde siempre”.

esto era lo que nos contaba nuestro guía camino de su aldea. yo deseaba fervientemente poder participar de algún modo en aquel ritual, entrevistarme con el Hogon (palabra que designa a su sacerdote) y poder mostrarle algunos objetos de la lista enviada por Le Gris y solicitar humildemente su ayuda y su esclarecimiento en todo este asunto.

Mni – Kodio continuaba relatando, mientras recorríamos en uno de los Land Rover Santana los polvosos caminos de la falla de Bandiagara, ese enigmático complejo rocoso que se alza en desnivel entre dos sabanas de Malí y termina llevándonos a Burkina Faso, que es en realidad el punto de inicio de nuestro viaje:

“El culto que se rinde al dios creador Amma, es una celebración que se realiza una vez al año y consiste en ofrecer un mijo hervido en el altar cónico de Amma.

“El culto a Lebe, la serpiente sagrada que fue el primer humano mortal que se convirtió en serpiente. es también una celebración anual que dura tres días, su altar es cónico y el Hogon ofrece mijo, mientras recitan bendiciones, posteriormente el Hogon realiza otros rituales en su casa puesto que también es el hogar de Lebe. En el último día todos los hombres de la aldea visitan los altares y hacen la danza Binou tres veces, finalmente el Hogon los invita a beber la cerveza de mijo a todos los que ayudaron”.

Un pueblo que danza y bebe en honor de sus dioses, no puede ser un pueblo degenerado, no pueden estar tan equivocados -pensaba yo-. nada que ver con ese rito de beber de la sangre y comer del cuerpo de la encarnación de tu dios como los cristianos, ese ritual de miedo y de culpa por un sacrificio que a veces me parece tan inútil.

la polvorienta ruta serpenteaba y en lontananza empezaba a divisarse la aldea con sus casitas de piedra y poco a poco el sonido de tamboras y cánticos se hacía más fuerte y luego que la nube de polvo se desvaneciera nos encontrábamos en medio de una mascarada frenética, con gente que aplaudía, unos en zancos, otros portando vistosos trajes de fibras y collares de conchas. era todo un carnaval sagrado, si se me concede la expresión.

el calor es algo para lo que nunca he sido bueno, me cuesta adaptarme al clima, aún si el calor es un calor de clima seco. mis labios se resecan, mi cuerpo suda sin control y me cuesta razonar, pero en esta ocasión, tal vez por la importancia que tenía este ceremonial me sentía extrañamente lúcido y con buena disposición para lograr mi entrevista con el brujo de la tribu. apenas descendimos nos recibieron los niños y nos ofrecieron fruta a manera de saludo ( la increíble hospitalidad dogona se dejaba sentir). Meni-Kodio nos tradujo la expresión de bienvenida y nos dijo que debíamos unirnos a la celebración. En sus danzas rituales, los hombres Dogon se mueven sobre zancos de más de dos metros de altura. Otros llevan máscaras totémicas cuya longitud duplica la del portador.

Es esta la expedición de Marcel Griaule y Michel Leiris, quien lo acompaña en calidad de cronista y a la que me uní a última hora. Griaule no entiende nada de las danzas que ve; sólo los Dogon conocen su sentido. Al menos, hasta ahora. Pues hacen del desciframiento de esta cultura la gran misión de sus vidas. “Aquí ya no se nota nada de la sumisión de la mayoría de las personas que hemos encontrado hasta ahora”, me hace notar Leiris, codeándome complacido mientras nos ofrecen nuestra máscara ritual. “Todos los que conocemos (en África), sean negros o blancos, al lado de esta gente (los Dogon) parecen figuras harapientas o esperpénticas. ¡Qué religiosidad tan enorme! Uno se topa continuamente con lo sagrado, todo parece sabio y trascendente!

Esta noche suenan los cuernos, y desde lejos se escuchan cantos.” Así comienza la historia de los Dogon para los blancos…

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