especial Pessoa (parte 1)

¡hola a todos!

siguiendo las recomendaciones que Leo me hace desde los avernos (pues no es El Averno ya que infiernos hay muchos y muy variados tipos) con referencia al hecho de encontrar mi propia voz y aprender de los camaleones poéticos, he seguido su consejo y de su bliblioteca (de la que también soy heredero) he desempolvado estos poemas de Fernando Pessoa, ese poeta portugués con pinta de oficinista y contador (como yo que también voy de corbata a laburo) pero que contenía a una multitud de yoes en su interior y de los cuales, en esta primera parte del post les comparto a estas dos (otras) voces de Fernandito: Alvaro de Campos y Ricardo Reis. ya vendrán otras partes y otras prosas pessoanas, porque material es lo que Leo dejó de este poeta que tanto admiraba (el post es un poco largo, sabrán disculpar, pero mi entusiasmo es más largo aún):

De Álvaro de Campos he seleccionado estos cortitos:

“En la prosa más propiamente prosa -la prosa científica o la filosófica-, esa que expresa directamente ideas y tan sólo ideas, no es menester gran disciplina, pues en la misma circunstancia de ser únicamente de ideas hay disciplina suficiente. En la prosa de más amplitud emotiva, aquella que cabe distinguir como oratoria o tiene configuración descriptiva, hay que atender más al ritmo, a la disposición, a la organización de las ideas, puesto que éstas se encuentran allí en menor número y no constituyen el fundamento de la materia. En la prosa abiertamente emotiva -aquella cuyos sentimientos podrían ser expuestos en poesía con igual facilidad- hay que atender más que nunca a la disposición de la materia y al ritmo que acompañe a la exposición. No es un ritmo definido como en el verso, porque la prosa no es verso. Lo que en verdad hace Campos, cuando escribe en verso, es prosa ritmada con pausas mayores marcadas en ciertos puntos con fines rítmicos, y esos puntos de pausa mayor los determina en los finales de verso. Campos es un gran prosador, un prosador con una gran sabiduría de ritmo; pero el ritmo del que posee sabiduría es el ritmo de la prosa”.


Ricardo Reis

LISBON REVISITED (1926)

Nada me ata a nada.
Quiero cincuenta cosas al tiempo.
Con angustia del que tiene hambre de carne anhelo
no sé bien qué:
definidamente lo indefinido…
Duermo inquieto, y vivo en el soñar inquieto
de quien duerme inquieto, a medias soñando.
Me cerraron todas las puertas abstractas y necesarias.
Corrieron cortinas ante todas las hipótesis que podría ver en la calle.
En el callejón que yo encontré no hay el número de puerta que me dieron.
Desperté a la misma vida que me había adormecido.
Hasta mis ejércitos soñados sufrieron derrota.
Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados.
Hasta la vida tan sólo deseada me harta -hasta esa vida…
Comprendo a intervalos inconexos;
escribo en los lapsos de cansancio;
y es tedio hasta del tedio lo que me arroja a la playa.
No sé qué destino o futuro compete a mi angustia sin timón;
no sé que islas del Sur imposible me aguardan, náufrago;
o qué palmares de literatura me darán un verso al menos.
No, no sé esto, ni otra cosa, ni cosa alguna…
Y en el fondo de mi espíritu, donde sueño lo que soñé,
En los campos últimos del alma, donde memoro sin causa
(y el pasado es una niebla natural de lágrimas falsas),
en los caminos y atajos de las florestas lejanas
donde supuse mi ser,
huyen desmantelados, últimos restos
de la ilusión final,
mis ejércitos soñados, derrotados sin haber sido,
mis cohortes por existir, despedazadas en Dios.
Otra vez vuelvo a verte,
ciudad de mi infancia pavorosamente perdida…
Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí…
¿Yo? Pero, ¿soy yo el mismo que aquí viví, y aquí volví,
y aquí volví a volver y volver,
y aquí de nuevo he vuelto a volver?
¿O todos los Yo que aquí estuve o estuvieron somos
una serie de cuentas-entes ensartadas en un hilo-memoria,
una serie de sueños de mí por alguien que está fuera de mí?
Otra vez vuelvo a verte
con el corazón más lejano, el alma menos mía.
Otra vez vuelvo a verte -Lisboa y Tajo y todo-
transeúnte inútil de ti y de mí,
extranjero aquí como en todas partes,
tan casual en la vida como en el alma,
fantasma errante por salones de recuerdos
con ruidos de ratas y de maderas que crujen
en el castillo maldito de tener que vivir…
Otra vez vuelvo a verte
sombra que pasa a través de sombras y brilla
un momento a una luz fúnebre desconocida
y entra en la noche cual estela de barco al perderse
en el agua que dejamos de oír…
Otra vez vuelvo a verte,
mas, ¡ay, a mí no vuelvo a verme!
Se rompió el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico,
Y en cada fragmento fatídico veo sólo un pedazo de mí,
¡un pedazo de ti y de mí!…

[NUNCA, POR MÁS QUE VIAJE, POR MÁS QUE CONOZCA]
Nunca, por más que viaje, por más que conozca,
al salir de un lugar, al llegar a un lugar, conocido o desconocido,
pierdo, al partir, al llegar, y en la línea móvil que los une,
la sensación de escalofrío, el miedo a lo nuevo, la náusea
-esa náusea que es el sentimiento cuando sabe que el cuerpo tiene el alma.
Treinta días de viaje, tres días de viaje, tres horas de viaje
-siempre la opresión se infiltra en el fondo de mi corazón.

[EMPIEZO A CONOCERME. NO EXISTO]
Empiezo a conocerme. No existo.
Soy el intervalo entre lo que deseo ser y los demás me hicieron,
o la mitad de ese intervalo, porque además hay vida…
Soy esto, en fin…
Apaga la luz, cierra la puerta y deja de hacer ruido de zapatillas en el pasillo.
Quede sólo yo en el cuarto con el gran sosiego de mí mismo.
Es un universo barato.

[Si yo muriera joven]
Si yo muriera joven,
sin poder publicar libro alguno,
sin ver la cara que tienen mis versos en letra impresa,
pido que, si se quisiesen molestar por mi causa,
no se molesten.
Si así ocurrió, así es verdad.

Aunque mis versos nunca sean impresos
tendrán su propia belleza, si fueran bellos.
Pero no pueden ser bellos y quedar por imprimir,
porque las raíces pueden estar bajo la tierra
pero las flores florecen al aire libre y a la vista.
Tiene que ser así por fuerza. Nada puede impedirlo.

Si yo muriera muy joven, oigan esto:
nunca fui sino una criatura que jugaba.
Fui gentil como el sol y el agua,
de una religión universal que sólo los hombres no conocen.
Fui feliz porque no pedí ninguna cosa,
ni procuré hallar nada,
ni hallé que hubiese más explicación
que la de que la palabra explicación no tiene ningún sentido.

No deseé sino estar al sol o a la lluvia,
al sol cuando había sol
y a la lluvia cuando estaba lloviendo
(y nunca la otra cosa).
Sentir calor y frío y viento,
y no ir más lejos.

Una vez amé, pensé que me amarían,
pero no fui amado.
Pero no fui amado por la única gran razón:
porque no tenía que ser.
Me consolé volviendo al sol y a la lluvia,
y sentándome otra vez en la puerta de casa.
Los campos, al fin, no son tan verdes para los que son amados
como para los que no lo son.
Sentir es estar distraído.

De Ricardo Reis, estos poemas muy buenos tambien:

“Hay frases repentinas, profundas porque vienen lo profundo, que definen a un hombre, o mejor, por las que un hombre se define sin definición. No olvido aquella por la cual, cierta vez, Ricardo Reis quedó definido para mí. Se hablaba de mentir, y dijo Reis: Abomino de la mentira porque es una inexactitud”.

Álvaro de Campos

[NO TENGAS NADA EN LAS MANOS]

No tengas nada en las manos
Ni una memoria en el alma,
Que cuando te pusieren
En las manos el óbolo último
Al abrirte las manos
Nada pueda caer.
¿Qué trono quieren darte
Que Atropo no te quite?
¿Qué laurel que no mustien
Los arbitrios de Minos?
¿Qué horas que no te tornen
Estatura de la sombra
Qué serás cuando fueres
En la noche y al fin del camino?
Coge las flores mas suéltalas
Apenas tú las mires.
Siéntate al sol. Abdica
Y sé rey de ti mismo.

[CUANDO, LIDIA, VENGA NUESTRO OTOÑO]
Cuando, Lidia, venga nuestro otoño,
Con el invierno que hay en él, guardemos
Un pensamiento no para la futura
Primavera, que es de otros,
Ni para el estío, del que somos muertos,
Sino para cuanto, de lo que pasa, queda:
El amarillo que hoy viven las hojas
Y las torna diferentes.

[LIDIA, IGNORAMOS. SOMOS EXTRANJEROS]
Lidia, ignoramos. Somos extranjeros
Dondequiera que estemos.
Lidia, ignoramos. Somo extranjeros
Dondequiera que vivamos. Todo es ajeno;
Ni nuestra lengua habla.
Hagamos de nosotros mismo el retiro
Donde escondernos, tímidos ante el insulto
Del tumulto del mundo.
¿Qué más quiere el amor que no ser de los otros?
Cual un secreto dicho en los misterios,
Sacro sea por nuestro.

[VIVEN EN NOSOTROS INNÚMEROS]
Viven en nosotros innúmeros;
Si pienso o siento, ignoro
Quien es que piensa o siente.
Soy tan sólo el lugar
Donde se siente o piensa.
Tengo más almas que una.
Hay más yos que yo mismo.
No obstante, existo.
Indiferente a todos.
Los hago callar: yo hablo.
Los impulsos cruzados
De cuanto siento o no siento
Disputan en quien soy.
Los ignoro. Nada dictan
A quien me sé: yo escribo.

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2 Replies to “especial Pessoa (parte 1)”

  1. la múltiple unidad de Pessoa hace pensar que todas las voces deben cantar deben clamar las silabas para inventar la palabra para parir el mundo…. todos y cada uno de los poemas encantan y fascinan porque son verdades sentimientos Pessoa y sus heterónimos son meros instrumentos de la verdad que se canta y encanta

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