un poema de Laura Riding

Las rosas son capullos, belleza,
un pétalo que huye a la aventura.

Las rosas son plenitud de pétalos que crecen,
belleza y poderío inextinguibles.
Las rosas se abren, las anonada tanta vida,
con la muerte temprana ya en sus rostros.
Luego llega el reposo, el declive el fracaso.
Pero jamás nadie dice: “Ha muerto una rosa.”
Sin embargo los hombres mueren: se dice, lo vemos.
Porque el hombre es una larga, tardia aventura;
sus pétalos son propósito,
su plenitud propósito todavía,
su abrirse un renovarse,
su muerte un derramar apretujado
de imprudentes medidas y de millas.

No lloramos la rosa
que huye antes de que la carrera empiece.
Ni compadecemos al hombre, si algo quiso:
pues tuvo la voluntad y la vio cumplida.
La compasión de la verdad: que verdad sea ella misma

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