la noche es de florencia y su máquina
el discurso por estos días es de Jobs
el cielo siempre es gris
el rúgido de bacatá que resuena
es lo habitual
la música siempre cambia
las palabras son otras
el mensaje es el mismo
la gran babel invencible
que hay que domar, sigue ahí
noches de nuevas voces que acompañan
otros aires que se cuelan en el entrecejo
y agudizan la mente que capta el secreto sentido
la urbe se silencia en un instante eterno
y eres tu quien rasga el velo hacia un nuevo amanecer
noches iluminadas u obscurantistas
liberales mojigatas o non sanctas
al ritmo de frenéticos aquelarres
y orgiásticas danzas de la fertilidad
la ciudad arde en medio de motines
que lideran jóvenes famélicos
mientras las voces del futuro resuenan
en los altavoces del sistema de transporte
y la noche se impregna de jazz y de blues
asustados vagabundos merodean entre los tarros de basura
que dibujan formas mefistofélicas
mi sombra en la ventana fuma aviesamente
atrayendo las ondas de humo azul
hacia mi propio vacío
hoy la noche esta llena de lluvia
que cae sobre la metrópoli
ese cementerio de nueve millones de tumbas
las voces de antaño y hogaño se entremezclan
con escenas de protestas apocalípticas
y me veo a mi mismo de regreso a casa
solo y empapado con la quimera
agarrada a mi espalda
cual garrapata metafísica
succionando mi vida mi tiempo
boicoteando los instantes de creación
con responsabilidades inventadas
con trabajo deshumanizado
atrapado entre buses apestosos
y el tráfico vespertino
deseando escapar pero resignado
de una manera que aún no logro comprender
y que no sé en que momento tomó posesión
haciendo que parezca imposible escapar
así que entonces apago las luces y me desconecto
sumiéndome en mágicos sueños en donde el mundo
no ha sido inventado todavía


















